Monday, November 23, 2009

Moondance On The Rooftops.


I am a cat.

Drawn to fucked-up fish, wailing weasels and dogmatic dogs.

Maybe I feel challenged by their armour.
Maybe I am naïve enough to believe I can remove it.

Ultimately, I end up forming great platonic alliances with my own kind.

And they are usually far away.

And we meet on rooftops on moonlit nights.

And we find

Complicity,

Empathy,

Understanding.

And even when under a full moon the fine line between friendship and romance is hardly perceptible, by the time the sun rises it is clearly defined again.

And each to his own meowing.

I think you're a cat.

Like me.

And I like the fact that there will be a full moon soon.

And that I will be on some random rooftop with you.

Tiptoeing across the fine line.



http://www.youtube.com/watch?v=kWmU26NKsb4

09/11/09

Sunday, August 2, 2009

La Niña y El Prado Verde

La niña se recuperaba de una lesión en la pierna izquierda que la había retenido en casa durante meses mirando por la ventana, cuando una mañana, al desperezarse, notó que el dolor era mínimo, y que no le impedía caminar con normalidad.

Se levantó, abrió la ventana, y respiró.

Aspiró el final de la primavera, y posó los ojos sobre la imagen estival que le ofrecía la naturaleza ese día.

Un cielo azul.

Un sol cálido pero en absoluto sofocante.

Un prado verde inmenso.

Y deseó salir de prisa para correr descalza por él, para sentir entre los dedos de los pies el cosquilleo de las hierbas, y sobre su piel pecosa el cálido abrazo del sol.

Bajó con cuidado las escaleras, porque no quería que el dolor de su reciente lesión le impidiera disfrutar del festín sensorial que le esperaba fuera.

La puerta estaba abierta.

Salió en camisón, descalza.

No tenía importancia vestirse.

Su misión era mezclarse con la naturaleza, y poner en marcha sensaciones físicas adormecidas durante largos meses de reclusión.

Al pisar la hierba deseó correr.

Temía que empeorase su herida, pero el deseo de dejarse llevar superaba su miedo al dolor, entonces bajo los cálidos rayos del sol emprendió una carrera contra la soledad por el gran prado verde.

A veces tropezaba, se caía, se enfurruñaba por su torpeza, o por los obstáculos que el prado le ponía en el camino en forma de baches o desniveles.

Pero una vez tumbada, observando el infinito azul celeste, aspirando el aroma de las flores que la rodeaban, y sintiendo bajo su cuerpo estirado el gran peso de esa tierra cubierta de verde que tanto le atraía...volvía a sonreír...volvía a coger impulso de nuevo y se echaba a correr...campo arriba...deseando llegar al horizonte del prado...porque intuía que tras aquella línea lejana habría todavía mucho más campo que recorrer...

http://www.youtube.com/watch?v=Wm_5QZEOlcg
La Gata y El Pez


Con las orejas erguidas y los pelos de punta, observa fijamente al pececito que se acerca al cristal esférico tras el que vive.

No sabe si él entiende que ella no desea engullirlo, sino que quiere jugar.

Se ha aburrido de los ovillos de lana que le dejan en la alfombra, y del innerte ratoncito de plástico.

Necesita jugar con un ser vivo que entienda de soledad.

Desde que vio por primera vez al pececito nadando solo en su pecera, le ha llamado la atención su bonito color luminoso.

Se pregunta por qué da vueltas sin llegar a ninguna parte, y por qué necesita abrir tanto la boca para respirar.

A veces parece mirarla directamente.

Pero la gata no está segura de si realmente la ve.

Ella toca la esfera de cristal con su patita.

Pero asusta al pez, que huye nadando hacia el otro lado.

Pasa horas sentada delante de la pecera embobada, contemplando al otro inquilino de la estancia.

No sabe siquiera si él es consciente de que ella existe.

No le gusta el agua.

Pero siente la tentación de introducir la patita en ella, a pesar de saber que él se asustará.

No sabe que no puede cogerlo, porque se escurriría entre sus pezuñas.

Tan sólo podría rozarlo un instante, para ver qué tacto tiene antes de se aleje de nuevo.

Ella tampoco es consciente de la incompatibilidad de sus hábitats.

No podría permanecer en su claustrofóbico mundo líquido.

Ni él podría salir de su mundo por ella sin perder la respiración.

http://www.youtube.com/watch?v=xM4Rldp9QWA

Friday, May 22, 2009

El Toro y el León

León observaba desde fuera de la plaza cómo la noble bestia negra se levantaba, una vez tras otra, a pesar de llevar media docena de instrumentos punzantes clavados en sus carnes. A pesar de chorrear sangre por los cuatro costados...

León no entendía por qué Toro no se rendía.
No lo entendía, se decía a si mismo mientras chupaba sus garras por inercia.
Pero sí lo entendía.
Valor.
Persistencia.
Esperanza...

León volvió su mente a tiempos pasados en los que había tenido que lidiar con humanos en aquel mismo ruedo.
Y recordó la capacidad de sacar fuerzas de donde no parece haberlas, cuando se trata de honor.

León miró sus garras.
Y las volvió a contar, como hacía casi a diario, sabiendo perfectamente que las que le faltaban no volverían a crecer ya.
Ya no.

Un ruído en la plaza le hizo devolver la mirada y los pensamientos al ruedo donde yacía el ensangrentado toro, perforado desde el cuello hasta la parte inferior del lomo.
Los humanos se habían ido.
Sólo quedaba Toro, agonizando.
Pero vivo.

León bajó despacio por las gradas, mirando a su alrededor por si volvía algún humano y lo quisiera apresar.
Se acercó a Toro.
Puso su garra incompleta sobre el rojo costal del animal moribundo y empezó a secar su sangre, mientras con la otra garra retiraba lentamente cada objeto punzante incrustado en aquella dolorida carcasa.

"No temas, amigo. No han podido contigo."

Toro, sin fuerzas, miró a León y le agradeció con la mirada lo que no pudo agradecerle con palabras.

Y pasaron largos minutos en silencio.
Minutos que sirvieron para soldar las diferencias entre la noble bestia negra y el viejo felino lisiado.
Hasta que esas diferencias formaron parte del pasado.
De la misma manera que las manchas de sangre dejaron de ser.

"Venga, compañero. Arriba".

Toro miró a León.
León entendió que aún era pronto para pedirle que le siguiera, fuera del ruedo.

"Venga, compañero. Arriba. Mañana volverás a lidiar".

Toro bajó la cabeza.

"Y yo estaré allí arriba, esperando a que termines, para secarte la sangre".

http://www.youtube.com/watch?v=486xlLxE6rQ

Tuesday, October 21, 2008

La Musa y El Duende


Musa no entraba en El Bosque desde el día en que se había hecho amiga de Duda.

Duende llevaba poco tiempo sentado en aquella seta cuando la vio pasar.

Musa se detuvo ante La Seta, y comenzaron a intercambiar impresiones sobre el entorno.

Al cabo de un rato se sentó con Duende, y pasaron las horas del día hasta que Sol se acostó.

Duende quedó prendado de Musa.

La buscó a diario a partir de entonces.

Todos los días la invitaba a su casa, aunque ella prefería reunirse con él en La Seta.

En territorio neutral.

Duende no sabía cómo acercarla a su hogar.

No conseguía convencerla ni desplegando toda su magia.

Ella siempre aparecía acompañada de su mascota Incertidumbre, y alegaba una excusa u otra para no ir.

Un día, Duende le regaló Todo El Tiempo Del Mundo.

Y Musa lo vistió como amuleto en su cuello, para poder tocarlo en su ausencia.

Al cabo de un tiempo, Musa entendió que debía aceptar la invitación de Duende.

Y acudió a La Seta.

Y Duende no estaba.

Y volvió a La Seta.

Y Duende llegaba tarde.

Inquieto.

Huraño.

Con las manos manchadas de tierra.

Musa no sabía que Duda visitaba a Duende.

Le ayudaba a plantar semillas en su jardín.

El día en que Musa perdió su amuleto, fue corriendo a casa de Duende, dejando atrás a su mascota.

Y encontró la puerta cerrada.

Monday, September 22, 2008

Arte de Magia.

Asoma su hocico desde la ventana para mirar la obra pictórica que descubrió el otro día, sin querer; un óleo pintado sobre tabla de roble que alguien ha puesto a la vista de cualquiera.

Permanece inmóvil tras la cortina, pues no quiere ser vista. No quiere interrumpir la magia que emana de aquellos aceites esenciales.

La figura femenina está pintada con tonos luminosos, brillantes, efervescentes.

La figura masculina sombría, juega con la luz de su compañera, aportando volumen al conjunto.

Alguien ha trazado con finas pinceladas la sutileza del amor cómplice entre las arrugas de aquellos rostros.

Alguien que tal vez haya sido embrujado por el hechizo de ese sentir.

Alguien que tal vez se haya esfumado.

Saturday, September 13, 2008

Gayumbos en el sofá.

La bella princesa recibió una petición de mano de un encantador príncipe que la amaba sin condición.

Y ella lo rechazó.

Y siguió viviendo en su castillo sin varón, sin preocuparse de estar perfectamente depilada todos los días; sin estar pendiente de su móvil; sin tener que recoger gayumbos sucios del sofá; sin tener que apretar la pasta de dientes por abajo; sin tener que bajar la tapa del retrete; sin tener que hacer un doctorado en comprensión de silencios masculinos; sin tener que explicar todos los días dónde estaba el café; sin tener que hacer un segundo doctorado en cómo mantener viva "la llama".

Y se acostumbró la bella princesa al gran espacio que rodeaba al número uno, y a poder estirarse sin rozar siquiera a otro adulto en su aislado castillo.

Y alejada del mundanal ruído varonil que acentuaría su feminidad, se convirtió en hechicera independiente y acorazada.

Y vinieron príncipes de tierras lejanas a cortejar a la princesa; algunos con corcel, y otros a pie.

Y trataron de conquistar ese espacio femenino con su belleza, con su inteligencia, con su simpatía, o con su amor.

Y fueron conquistados por el embrujo de la princesa que dejó de serlo.

Pero ninguno volvió a dejar sus gayumbos en el sofá.